Método · Lenguaje
Localizar es adaptar con invariantes de significado
Una localización decide qué debe permanecer idéntico y deja que todo lo demás se mueva; una sustitución cambia palabras y espera que el sentido sobreviva.
La forma más rápida de estropear una localización es tratarla como un reemplazo palabra a palabra con un modelo mejor. El texto sale fluido y el problema aparece semanas después, en un matiz legal o en una promesa comercial que ya no dice lo mismo.
Hemos empezado a trabajar al revés. Antes de traducir nada, escribimos con el cliente la lista de invariantes: cifras, nombres propios, unidades, referencias normativas y terminología controlada. Esa lista es corta, se comprueba automáticamente y define el perímetro de lo que no puede moverse.
Todo lo que queda fuera puede reformularse, y de hecho debe poder hacerlo. Una frase que conserva la estructura sintáctica del original suele leerse peor y comunicar menos que otra reescrita para la lengua de destino.
Lo que todavía observamos con incomodidad es el registro. No es léxico, no aparece en el glosario y cambia el efecto del texto tanto como una cifra equivocada. Un mismo aviso puede resultar cortés en un idioma y distante en otro sin que ninguna comprobación lo señale.
Por ahora tratamos el registro como una decisión editorial que se acuerda al principio del proyecto y se revisa a mano. No hemos encontrado una manera de automatizarla que nos convenza.